La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días colaboró con CORPEB en la puesta en funcionamiento de un centro de rehabilitación y terapia, destinado a acompañar las necesidades de las personas con espina bífida y sus familias. La iniciativa, realizada el 5 de septiembre, busca contribuir a que niños, jóvenes y sus familias cuenten con mejores condiciones para acceder a la atención y la rehabilitación, en un espacio preparado para acompañarlos en sus necesidades cotidianas.
La colaboración con CORPEB refleja el principio de reconocer las necesidades de los demás y buscar maneras concretas de acompañarlos mediante el apoyo a un espacio que trabaja con personas con espina bífida y sus familias. Fortalecer los recursos disponibles para su atención es una manera de contribuir a su bienestar y de demostrar que el servicio cristiano puede expresarse en acciones que acompañan a las personas en su vida cotidiana.
Los procesos de rehabilitación pueden formar parte de distintas etapas de la vida y requieren atención, dedicación y acompañamiento. Para quienes viven con espina bífida, al igual que para sus familias, contar con un espacio preparado para atender sus necesidades representa un recurso importante.

Cuando las personas y las organizaciones se unen para responder a estas necesidades, también crean oportunidades para que el amor de Cristo se manifieste a través de la empatía, la solidaridad y el servicio.
Como parte de esta iniciativa, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días contribuyó con un centro completo de rehabilitación y terapia destinado a brindar atención a niños con espina bífida, recursos para las áreas generales y para la sala de kinesioterapia, destinados a facilitar el trabajo de los profesionales y las actividades de rehabilitación.
Estos recursos buscan fortalecer las condiciones de atención que el centro ofrece a las personas con espina bífida y sus familias. Más allá de la donación material, la iniciativa pone el foco en las oportunidades que estos recursos pueden generar para acompañar sus necesidades y contribuir a su calidad de vida.
De esta manera, el servicio se convierte en una oportunidad para tender puentes, fortalecer a las comunidades y reconocer la dignidad de cada persona y actuar con amor para mejorar su vida.