Nota de prensa

Momentos y recuerdos de bondad

Las interacciones pequeñas y sencillas son más poderosas de lo que la gente cree

En el transcurso de este año, una amorosa mujer llama regularmente a su tía Helen, una viuda de 94 años de edad. Juntas ríen y también lloran mientras la anciana habla de su vida y su sobrina graba la conversación para la posteridad. En el curso de esos diálogos, la sobrina se ha asombrado de cuán claramente la tía Helen recuerda a personas y experiencias de hace tantos años. En particular, parece recordar a aquellas personas que fueron bondadosas con ella. Claro que también tiene presentes algunos momentos de adversidad, pero se refiere más vívidamente a aquellos de dicha y a actos de bondad.

Uno puede aprender mucho de una mujer de tan avanzada edad. Si los recuerdos como los de la tía Helen han quedado tan grabados en su memoria, es posible que nuestras pequeñas y sencillas interacciones sean más valiosas de lo que creemos. Es como si cada acto de bondad fuera una semilla que con el tiempo diera frutos de dulces recuerdos para generaciones futuras.

Nunca deberíamos subestimar el poder de la bondad. Refiriéndose a tales actos de servicio, el Señor Jesucristo dijo, “En cuanto lo hicisteis a uno de estos… a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).

La tía Helen comprende ese principio. Inspirada, sin duda, por personas buenas en su vida, ella hace una torta cada semana y después ora para saber a quién se la debe llevar. Helen también cuenta con una larga lista de personas a las que envía tarjetas de cumpleaños con un mensaje personal, y en especial se asegura de incluir a quienes, de otro modo, podrían ser olvidados, y, a lo largo de los años, ha hecho muchas cosas para otras personas. Todos esos sencillos actos de servicio le dan algo que hacer y alguien en quien pensar. Helen dice que la ayudan a no preocuparse tanto por sus propios problemas.

No llama la atención que la sensibilidad de la tía Helen hacia la bondad esté íntimamente ligada a su fe en Dios, y a menudo dice que sabe que Él vela por ella. Aun cuando vive sola, no se siente sola puesto que percibe la compasiva y amorosa presencia de Dios en su vida, especialmente en momentos en que recuerda o lleva a cabo actos de bondad. Generalmente, ese sentimiento tierno y celestial le recuerda que es hora de hacer una torta para alguien.

Fuente: Música y Palabras de Inspiración (Music and the Spoken Word)