Desde muy temprano, mientras en la ciudad llovía, comenzaron a llegar decenas de niños acompañados de sus padres. Algunos llevaban paraguas, otros chalecos para la lluvia, y muchos avanzaban saltando los charcos con entusiasmo. A pesar del fuerte aguacero, nadie quiso perderse la experiencia. Poco a poco, las aulas se llenaron de risas, emoción e historias compartidas.
Cuando todos ya habían ingresado, ocurrió algo especial: la lluvia cesó, las nubes se dispersaron y un radiante sol iluminó el lugar. Fue como una lección viviente: a veces el camino empieza con desafíos, pero con fe y confianza en Dios siempre llega la luz. Así también es la vida de los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
La actividad comenzó pasando por “filtros aeroportuarios” y “migración”. Luego, los pequeños viajeros llegaron a la sala de preembarque internacional hasta abordar el gran avión llamado Misión 28:18–20, inspirado en el pasaje del Evangelio de Mateo que invita a llevar el Evangelio a todo el mundo.

Un piloto y tres aeromozas guiaron el viaje, explicando cada paso de la experiencia. Incluso hubo refrigerio. Durante el vuelo aprendieron sobre los países donde habían sido “asignados” como misioneros.

Al aterrizar, cada grupo fue conducido a diferentes salas que representaban a Colombia, Perú y Bolivia. Allí los recibía una pareja de esposos presentados como la presidencia de misión, junto a jóvenes ex misioneros que les enseñaban sobre las costumbres y tradiciones de cada país.
- Stand de Perú
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- La anhelada ventana.
- Como todo vuelo, los niños tuvieron su refrigerio por parte de las azafatas.
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- José Rodas y Pedro Aspiazu, misioneros retornados de la misión Bolivia, compartieron con emoción sus experiencias misionales. José, quien sirvió veinte años antes que Pedro, relató cómo eran los límites y las condiciones de la misión en su época, permitiendo apreciar los cambios y bendiciones que el tiempo ha traído a la obra misional.
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- Minimisioneros01
- Stand de Colombia
- Cada detalle recreó la cabina de un avión, permitiendo que los niños imaginaran que volaban hacia su misión.
- Nada se compara con regresar y abrazar a mamá; ese instante de alegría y ternura también se vivió en esta hermosa jornada.
| Temple Square is always beautiful in the springtime. Gardeners work to prepare the ground for General Conference. © 2012 Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved. | 1 / 2 |
El momento más emocionante llegó al final, cuando una gran familia esperaba con un enorme letrero que decía: “Bienvenido a casa, retornaste con honor”. Hubo abrazos, sonrisas y mucha emoción.
Niños soñando con servir algún día, jóvenes recordando su misión y familias agradecidas por la experiencia espiritual vivida. Estuvieron presentes el presidente Peterson y su esposa, de la Misión Guayaquil Este, misioneros de la zona, así como el presidente de la Estaca Samborondón, Edward Zambrano, su esposa y sus consejeros, quienes animaron a los pequeños de la estaca a prepararse desde ahora para servir con fe y valentía.
Fue un día inolvidable que enseñó que todos podemos empezar hoy a prepararnos para servir a Dios, confiando en que, aun cuando aparezcan lluvias en el camino, el sol siempre vuelve a brillar.