Yehudi Menuhin fue uno de los grandes violinistas del siglo XX. Para él, tocar el violín era una forma de curación humana, una forma de hacer la paz con uno mismo (ver "El legado" y "El hombre", en menuhin.org). Él dijo: "La paz puede sonar simple...pero requiere todo lo que tenemos, todas las cualidades, todas las fuerzas" (véase Yehudi Menuhin, en 151 Registro del Congres 2005, pág. 7.471).
Querer la paz es parte de nuestra naturaleza humana, y se ha buscado desde los tiempos de Adán y Eva. Pero la paz en el mundo no puede suceder hasta que tengamos comunidades pacíficas. Y las comunidades pacíficas no se pueden formar hasta que encontremos la paz en nosotros mismos. La paz interior es la base sobre la que se construye la paz externa.
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La verdadera paz interior viene al volverse a Dios. Al elegir confiar en Él, ejercer fe en Él y esforzarnos por hacer Su voluntad, podemos encontrar Su paz (véase "Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Howard W. Hunter", publicado en 2015, páginas 49-59). A veces es tan simple como ceder a la sensación de estar quieto (ver Salmo 46:10). Otras veces se requiere una gran determinación para actuar, o no actuar, de cierta manera (véase Doctrina y Convenios 59:23). Y, sin embargo, en otros momentos se requiere que la súplica en oración para que la paz entre en nuestro corazón y permanezca con nosotros (véase Alma 38:8).
Se necesita un gran esfuerzo para desarrollar y cultivar la paz interior. Día tras día, elección tras elección, experiencia tras experiencia, la paz puede crecer dentro de nosotros. Este esfuerzo requiere un trabajo real, incluso todo lo que tenemos.
Pero no tenemos que hacerlo solos. El mismo Príncipe de Paz declaró una vez: "Mi paz os doy, pero no como la da el mundo. ... No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (véase Juan 14:27). A medida que recibimos Su paz en lo profundo de nuestros corazones, somos cambiados. Nos fortalecemos. Sentimos calma y confianza, incluso en circunstancias muy difíciles. Este mismo Príncipe de Paz ordenó: "Paz, quédate quieto. Y cesó el viento, y hubo una gran calma" (véase Marcos 4:39).
La búsqueda de la paz, ya sea para el mundo o para nosotros mismos, comienza con una elección, una elección que hacemos en nuestro interior. Al elegir la paz cada día, tanto extendiéndola a los demás como recibiéndola de ellos, podemos experimentar esta "gran calma" y regocijarnos en la invitación a "estar quietos", incluso en un mundo turbulento.
Fuente: Música y Palabras de Inspiración (Music and the Spoken Word)