El presidente Dallin H. Oaks, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pronunció un discurso histórico sobre la libertad religiosa el miércoles en la Catedral Nacional de Washington, señalando a la Constitución de los Estados Unidos como una herramienta clave para establecer la paz y encontrar un terreno común.
“La Constitución obliga a un pueblo dividido a formar coaliciones que les permitan actuar juntos”, dijo el presidente Oaks, quien ha pasado siete décadas estudiando la Constitución como erudito, jurista y líder religioso. “‘Obliga’ es una palabra fuerte, pero es exactamente lo que hace la Constitución. Sitúa lo que ahora llamamos ‘establecimiento de la paz’ en el centro del proceso constitucional para lograr la libertad, la unidad y la equidad para todos”.
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Sus palabras son las primeras pronunciadas por un Presidente de la Iglesia en la Catedral Nacional de Washington, una “casa de oración para todas las personas”, y se produjeron en la víspera del Día de la Constitución del país. El evento, titulado “La fe, la libertad y el bien común”, exploró la relación entre la fe religiosa y la democracia estadounidense. La reunión fue parte de la serie “A Better Way” [Una vía mejor], organizada por la catedral, que alienta a los estadounidenses a encontrar puntos en común y avanzar juntos en tiempos polarizados.
El presidente Oaks dijo que él participaba en el esfuerzo por ayudar a “personificar el amor de Dios en la vida pública”, ofreciendo “esperanza para la unidad y un marco moral para avanzar en un mundo dividido”.
Durante su discurso, el presidente Oaks reflexionó sobre la historia de la Iglesia como una minoría religiosa, desde la expulsión de los primeros santos de Misuri hasta los esfuerzos posteriores por vivir en paz con personas de diferentes creencias. “Se podría decir que, por necesidad, nos hemos convertido en pacificadores y defensores de la libertad y de la unidad”, dijo, explicando que los Santos de los Últimos Días aprendieron a forjar compromisos que promueven la paz al tiempo que preservan sus creencias y prácticas más importantes.
Citando un “ejemplo sobresaliente” del establecimiento constitucional de la paz en acción, el presidente Oaks señaló el Compromiso de Utah de 2015. “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y los defensores de la no discriminación —adversarios en ese conflicto— se acercaron y participaron en las negociaciones. Hasta entonces se pensaba que eso era imposible”, dijo el presidente Oaks.
El resultado fue una legislación que proporcionó protecciones adicionales tanto para la libertad religiosa como para la no discriminación en Utah.
“Si bien la ley no le dio a ninguna de las partes todo lo que buscaba, sus conciliaciones otorgaron a ambas partes beneficios significativos”, dijo el profeta. “Este resultado en el que todos ganan no podría haberse conseguido sin la ponderación de intereses que es posible gracias a la dinámica de un proceso legislativo”.
El presidente Oaks, quien sirvió como asistente legal del expresidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Earl Warren, y más tarde como juez de la Corte Suprema de Utah, dijo que una lección importante del Compromiso de Utah es ver los asuntos polémicos como oportunidades para escuchar y aprender de los demás.
“Debemos aceptar la realidad de que somos conciudadanos que nos necesitamos unos a otros”, dijo el presidente Oaks. “Eso requiere que todos obedezcamos algunas leyes que nos desagradan y que vivamos pacíficamente con algunas personas cuyos valores difieren de los nuestros. Debemos hacer todo lo posible por comprender las experiencias y preocupaciones de los demás, especialmente cuando difieren de las nuestras”.
Este trabajo de negociación y formación de coaliciones se puede hacer, agregó, “sin comprometer los valores fundamentales”.
“Este proceso apela a instintos morales comunes”, dijo el presidente Oaks. “Produce pacificadores, incluso en aquellos casos en que los valores fundamentales contrapuestos pueden impedir la conciliación final”.
El profeta dijo que otro buen ejemplo de cómo establecer la paz se puede encontrar en las decenas de miles de Santos de los Últimos Días de todo el mundo que se movilizan y tienden la mano a los necesitados después de los desastres naturales.
“Cuando nuestros voluntarios traen ayuda, las personas en apuros no les preguntan por sus creencias. Del mismo modo, los voluntarios ayudan a todos, no solo a los creyentes”, dijo el presidente Oaks. “¿Por qué? Simplemente porque las necesidades morales más profundas sobre la seguridad, la familia y la esperanza ocupan un lugar central. Lo importante es dar ayuda y recibir ayuda, de persona a persona”.
Además del servicio, el presidente Oaks dijo que los pacificadores sanan las relaciones problemáticas, reducen el sufrimiento humano y promueven el entendimiento entre los diferentes pueblos.
Para concluir, dijo que comprender nuestra identidad divina puede ayudarnos a llevar a cabo la importante obra de establecer la paz de una mejor manera.
“Saber que todos somos hijos de Dios nos proporciona una visión divina del valor de todas las personas y la voluntad y la capacidad de elevarnos por encima de los prejuicios y el racismo”, dijo el profeta. “Después de haber vivido muchos años en diferentes lugares de esta nación, el Señor me ha enseñado que es posible obedecer y procurar mejorar las leyes de nuestra nación, y también amar a nuestros adversarios. Si bien no es fácil, lo que lo hace posible es la ayuda de nuestro Señor Jesucristo. Él dio el mandamiento de amar y nos prometió Su ayuda si procuramos obedecerlo”.
En la casa de oración de la nación, el presidente Oaks concluyó con su propia oración.
“Ruego a nuestro Padre Celestial que nos bendiga para que todos procuremos ser pacificadores”, dijo.
El programa fue presentado por la Catedral Nacional de Washington en colaboración con el Instituto Wheatley de la Universidad Brigham Young.