Nota de prensa

Respuesta a la sequía en el Chaco paraguayo beneficia a 888 familias y fortalece la resiliencia comunitaria

Frente a las persistentes sequías que afectan al Chaco paraguayo, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en colaboración con ADRA, desarrolló durante 2025 un proyecto integral de respuesta humanitaria que alcanzó a 13 comunidades y 888 familias, combinando asistencia inmediata con acciones sostenibles para fortalecer la resiliencia local.

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La región enfrenta condiciones climáticas extremas que impactan directamente en el acceso al agua, la producción de alimentos y la calidad de vida de comunidades que ya viven en contextos de alta vulnerabilidad. Ante este escenario, el proyecto se implementó mediante un enfoque progresivo que integró apoyo de emergencia, recuperación temprana y desarrollo comunitario, con el objetivo de no solo responder a la crisis, sino también preparar a las comunidades para el futuro.

La iniciativa se llevó a cabo en coordinación con la Secretaría de Emergencia Nacional, autoridades regionales y gobiernos locales, lo que permitió ampliar el alcance de las intervenciones y responder de manera más efectiva a las necesidades urgentes.

Uno de los principales ejes del proyecto fue el acceso al agua. Se trabajó en la reparación e instalación de sistemas de captación y almacenamiento, así como en la reactivación y ampliación de tajamares —grandes reservorios— adaptados a las características de cada comunidad. Estas acciones permitieron aumentar significativamente la disponibilidad de agua, un recurso crítico en la zona.

En paralelo, se impulsaron iniciativas productivas como huertas comunitarias y escolares con sistemas de riego, lo que permitió a las familias comenzar a producir alimentos básicos y fortalecer su seguridad alimentaria. A esto se sumaron instancias de capacitación en oficios, incluyendo la confección de prendas, generando nuevas oportunidades de desarrollo económico local.

El impacto de este trabajo se refleja en historias concretas, como la de Claudia Fernández Romero, de la comunidad indígena Guaraní Ñandeva en Timoteo, quien encontró en este proyecto una oportunidad para reconstruir su camino: “Aprender en mi propia comunidad fue una oportunidad muy grande, algo que antes no era posible”.

Claudia, que había dejado sus estudios por falta de oportunidades, participó en un curso de confección que le permitió adquirir nuevas habilidades y proyectar un futuro distinto: “Cada prenda que termino no es solo tela; es también el resultado de un proceso que me devuelve la confianza”.

Su testimonio también refleja el impacto colectivo de la iniciativa: “Creo que es necesario que se abran más oportunidades, que los jóvenes puedan estudiar y formarse sin tener que abandonar sus sueños”.

La fase final del proyecto concluyó en marzo de 2026, cuando misioneros humanitarios visitaron distintas comunidades del oeste de Filadelfia, constatando los avances en sistemas de agua, huertas y espacios productivos. En ese momento, los primeros cultivos comenzaban a cosecharse, marcando un hito en el proceso de recuperación.

Más que una respuesta puntual, esta iniciativa se consolida como un modelo de cooperación que combina asistencia, capacitación y desarrollo sostenible. En un territorio donde la escasez es una constante, el proyecto representa una oportunidad concreta de transformar la realidad, fortalecer la autonomía comunitaria y generar esperanza a largo plazo.