Un día como hoy el 31 de Julio del año 1853, el farmacéutico polaco Ignacy Lukasiewicz, llevó la nueva invención en la que había estado trabajando, una lámpara de kerosene, a un hospital local. “Este líquido es la futura riqueza del país”, sostuvo Ignacy Lukasiewicz en 1854.
“Es el bienestar y prosperidad de sus habitantes, es una nueva fuente de ingresos para los pobres, y una nueva rama de la industria que dará muchos frutos”. Hablaba, por supuesto, del petróleo, el oro negro, y solo un año después de haber logrado la sorprendente proeza de destilar kerosene de petróleo filtrado.
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Luego de esto, el farmacéutico polaco inventó la lámpara de kerosene en 1853, perforó el primer pozo de petróleo en 1854, y construyó la primera refinería en 1856. Apoyó abiertamente el Levantamiento de Enero contra el Imperio Ruso, del 22 de enero de 1863 al 11 de abril de 1864, e incluso ayudó financieramente a los refugiados.
Finalmente, la aparición de kerosene accesible catalizó el colapso de la costosa industria del aceite de ballena en unos pocos años, y esto salvó a miles de animales de su muerte. Hasta ese momento, las ballenas se utilizaban para todo tipo de productos, desde cera para velas a lámparas de aceite, e incluso margarina.