Para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, los lunes por la noche son reservados para la familia. Se conoce como “noche de hogar”, un tiempo sagrado para fortalecer la fe, estudiar el evangelio y compartir momentos de unión. Por esta razón, las capillas en Bolivia y en todo el mundo no abren sus puertas a otras actividades los lunes.
Sin embargo, el lunes 21 de julio fue diferente. La capilla del Barrio Sopocachi, en La Paz, abrió excepcionalmente sus puertas para el velorio del querido hermano José Antonio Robles Apala, un fiel miembro de la Iglesia, recordado por su espíritu de servicio, su ejemplo cristiano y su vida íntegra. El hermano Robles, quien se unió a la Iglesia en 1972, fue ingeniero civil, catedrático y un incansable servidor. Con su ponchillo amarillo de “Manos que Ayudan”, destacaba por su puntualidad, dedicación, limpieza y amor por las capillas.
Mientras se realizaba el velorio, aproximadamente a las 21:00, los asistentes percibieron un resplandor inusual y olor a humo. Un incendio de gran magnitud había estallado en el callejón colindante a la capilla. En medio del dolor, los miembros y amigos salieron rápidamente al ver el fuego propagándose y a los vecinos luchando por salvar sus pertenencias.
Gracias a que la capilla estaba abierta, los asistentes pudieron actuar de inmediato. Utilizaron el agua de los jardines para abastecer un carro cisterna que pronto quedó sin suministro. Formaron cadenas humanas para transportar agua, ayudaron a las personas afectadas y ofrecieron consuelo a los vecinos en medio del caos. Fue una noche de servicio, fe y acción.
“El Señor permitió que estemos aquí para ayudar, socorrer y dar el apoyo necesario. Estamos agradecidos al Padre Celestial que nos haya permitido ser un medio para ayudar y socorrer a nuestros hermanos”, expresó el presidente Carlos Vásquez, de la Estaca Miraflores.
“Una vez más fuimos testigos de que nuestro Padre Celestial sabe el porqué y el tiempo de las cosas. El fallecimiento y velorio del hermano Robles no solo fue un momento de consuelo para la familia, sino también una oportunidad para honrar su vida sirviendo a los demás”, señaló la hermana Escarlet Cabezas.
“El primero que habría estado allí apagando el fuego habría sido él. Qué increíble despedirlo con el mejor homenaje a un gran hombre de Dios, sirviendo como él siempre lo hacía”, agregó la hermana Érika de Soliz.
Pese al dolor de la pérdida, el hermano Robles fue despedido de la forma que mejor representó su vida: siguiendo el ejemplo del Salvador al servir a los demás, incluso en medio de un incendio.
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