Nota de prensa

Fallece Kathleen J. Eyring

Esposa del presidente Henry B. Eyring, Segundo Consejero de la Primera Presidencia.

Kathleen Johnson Eyring, esposa del presidente Henry B. Eyring, Segundo Consejero de la Primera Presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, falleció pacíficamente a los 82 años, el domingo 15 de octubre de 2023 rodeada de su familia en Bountiful, Utah.

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La hermana Kathleen Eyring y su esposo, el presidente Henry B. Eyring, llegan el sábado por la mañana para el segundo día de la dedicación del Templo de Oquirrh Mountain, Utah, el 22 de agosto de 2009, en South Jordan, Utah.Photo courtesy Church News. All rights reserved.
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La hermana Kathleen nació en San Francisco, California, el 11 de mayo de 1941, hija de J. Cyril y LaPrele Lindsay Johnson. Sus familiares y amigos la recuerdan como una joven extrovertida y jovial que sobresalía en el ámbito deportivo y académico, y que fue capitana de su equipo de tenis de la escuela secundaria, presidenta del cuerpo estudiantil y la mejor estudiante de su promoción. Al acabar la escuela secundaria, Kathleen continuó sus estudios en la Universidad de California en Berkeley, donde crecieron su testimonio del Evangelio de Jesucristo y su compromiso con sus creencias.

En 1961, mientras asistía a un curso de verano en Boston, fue a un devocional en el que un joven estudiante de Harvard, Henry Bennion Eyring, se fijó en ella. Más adelante, él dijo que quedó inmediatamente impresionado por su bondad y recuerda que pensó: “Si solo pudiera estar con ella, podría llegar a ser todo aquello que es bueno y que siempre quise ser”. Ellos se conocieron la semana siguiente, comenzaron a salir y se casaron el 19 de julio de 1962, en el Templo de Logan, Utah.

La vida casados de la joven pareja comenzó en Palo Alto, donde Henry era miembro del cuerpo docente de la Facultad de Estudios de Postgrado de Negocios de la Universidad de Stanford. Durante sus primeros años de matrimonio, la fe y la comprensión de Kathleen en cuanto a los asuntos espirituales aumentaron conforme adoraba con regularidad y procuraba la paz en el Templo de Oakland, California. Kathleen y Henry pasaron nueve años en Palo Alto, y su familia creció con le llegada de sus hijos Henry, Stuart y Matthew.

En 1970, mientras su esposo prestaba servicio como obispo y disfrutaba de su cátedra permanente en Stanford, Kathleen lo alentó a considerar con espíritu de oración la dirección de su carrera. Aunque al principio la sugerencia lo contrarió un tanto, hizo caso al consejo de su esposa y recibió la impresión de considerar detenidamente las nuevas oportunidades laborales con una mente abierta. Menos de una semana después, a Henry se le ofreció el puesto de rector del Colegio Universitario Ricks, ahora BYU-Idaho, en Rexburg, Idaho, el cual aceptó. La familia se unió mucho durante su estancia en la zona rural de Idaho, y Kathleen y Henry disfrutaban esquiar, jugar al golf y al tenis, e incluso ganaron juntos el torneo de dobles de tenis del Colegio Universitario Ricks en 1975.

La familia Eyring se mudó a Utah en 1977, cuando Henry fue nombrado Comisionado Auxiliar de Educación de la Iglesia. La familia creció a ocho con la incorporación de otro hijo, John, y dos hijas, Elizabeth y Mary.Kathleen continuó dedicando sus principales esfuerzos a apoyar y ofrecer consejo a su esposo, y a centrarse en la maternidad,una función a la que su familia dice que estaba completamente entregada y que ella consideraba su responsabilidad más importante. 

“Mi madre es extraordinariamente talentosa y ambiciosa”, dijo su hijo Henry J. Eyring. “Pero su preocupación primordial siempre ha sido servir a nuestro Padre Celestial y a Sus hijos”.

La hija de Kathleen, Elizabeth Eyring Peters, recuerda que oraba con su madre todos los días antes de salir de casa. “La oración diaria fue una clara evidencia de su deseo de que estuviéramos conectados con el cielo; porque teníamos edades tan dispares, que significaba una oración separada para cada niño”.

Kathleen sirvió fielmente en muchas responsabilidades formales en la Iglesia: enseñando lecciones en la Iglesia, sirviendo como maestra visitante y publicando un boletín informativo para su congregación durante muchos años; pero también se la recuerda por ministrar poderosamente a los demás de maneras silenciosas y menos formales. Su hijo Matthew J. Eyring reflexionó: “El servicio más importante que prestaba era la serena compasión que tenía por quienes habían experimentado dificultades y tristeza en la vida. Ella siempre buscaba a 'la persona en particular’, sin hacer alardes, y la ayudaba a sentir su amor y el amor del Salvador”.

Kathleen era una escritora talentosa y ofreció consejo tocante al aspecto editorial a Henry a lo largo de su carrera y de su servicio en la Iglesia, y más adelante comenzó a llevar formalmente las minutas de las reuniones mensuales con otras esposas de las Autoridades Generales. Ella también registraba los recuerdos familiares, escribía guiones para eventos familiares y colaboraba en la publicación de un boletín familiar mensual. Escribió una novela para adultos jóvenes y ganó un premio estatal de literatura para jóvenes adultos en 1979.

Henry B. Eyring fue llamado al Cuórum de los Doce Apóstoles en 1995, y Kathleen lo apoyó y estuvo a su lado durante su larga recuperación de una operación de cáncer en 2005, y cuando fue llamado a la Primera Presidencia en 2007.

Durante este tiempo, Kathleen comenzó a sufrir problemas de la memoria, que su padre había experimentado al hacerse mayor. medida que Kathleen iba perdiendo memoria, el presidente Eyring cuidaba de ella; y a menudo la llevaba a su oficina para leer y descansar en una silla reclinable mientras él estaba en las reuniones. Aunque la enfermedad fue un desafío para la familia, todos recuerdan que el amoroso espíritu de Kathleen se hizo más dulce, y se hizo una mayor conexión con lo divino conforme se hacía mayor y la pérdida de memoria avanzaba. El presidente Eyring ha dicho: “Kathleen siempre ha sido una persona que me ha hecho desear ser lo mejor que puedo ser”.

Al ser mujer que creía en la importancia de la formación académica y de la fe, Kathleen a menudo enseñaba en discursos públicos y en momentos privada con sus hijos que lo más importante que se debe aprender en esta vida es cómo volver a los amorosos brazos de nuestro Padre Celestial. A Kathleen se la recordará como una mujer brillante, fiel y modesta, que valoró su función de madre y disfrutó de una verdadera asociación con su esposo y compañero eterno.

Los servicios funerarios serán anunciados más adelante.

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